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Vocación

"Con Dios cada proceso es de Bendicion"

Con Dios cada proceso es de bendición

 

Nuestra vida y carisma

 

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En el nombre sea de Dios - Marcha de Resurrección

Por Fr. Patiño

"Predica siempre el Evangelio y si es necesario, usa palabras."

Cuentan de San Francisco que en una ocasión invitó a un fraile a predicar al pueblo. Salieron del convento, llegaron al poblado, le dieron la vuelta a la plaza y emprendieron el camino de regreso al convento. El fraile consternado le pregunta a Francisco, ¿es que no íbamos a predicar en el pueblo? a lo que contesta el Santo: “ya lo hicimos, ya predicamos”.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hacer eco de estas experiencias de San Francisco por las calles de Monterrey, de sus colonias pobres y populares como El Topochico, Solidaridad y la CROC. Me atrevo a recalcar que ese San Francisco que ahora lanzó la invitación no era yo como se esperaría de todo fraile, más bien fueron los mismos jóvenes de esas colonias que nos invitaron a una marcha, un gran privilegio que se fue tornando una experiencia de resurrección, de renovación de mi fe.

Desde que uno va entrando en estas calles es imposible no ver la falta de atención del gobierno en la limpieza, en las escuelas, el ambiente es de deterioro y de olvido. Pero los rostros reflejan en su mayoría otra cosa, reflejan lo que los mismos jóvenes gritaban por las calles: “somos cristianos de aguante”, expresiones que saliendo de esas calles definitivamente son algo excepcional. Era una caminata vocacional con más de cien jóvenes, que salieron de esas mismas casas para pasar el mensaje.

Lo bueno para mí aun no llegaba, mi hermano Fr. Mendoza y yo tuvimos la oportunidad de compartir un poco sobre nuestro caminar vocacional, como parte de ello era también participar de una representación, cuando Jesús llama a sus discípulos. Al terminar la marcha, llegamos al lugar donde se haría el número que desconocíamos cómo iba a ser.

Era un lugar en lo alto, allí la vista se originaba desde los techos de las casas hasta culminar en los grandes edificios a lo lejos de la gran ciudad. De pronto un joven vestido de Jesús tocó mi hombro, tenía que seguirlo, no sabía a donde. Subimos a una ermita en lo más alto, la vista se ampliaba aún más, nos sentaron alrededor de un altar y todos los jóvenes se miraban hacia abajo, no me imaginaba lo que seguía.

Un diácono portaba la custodia con el Santísimo, en ese momento comenzó una ola que se fue arrodillando desde la parte de arriba de la montaña hasta abajo, cada uno de los jóvenes rendía honor al Líder de la marcha, al Hombre que camina con ellos por esas calles día a día. Un silencio profundo dejó que la brisa que corría se convirtiera en el más concreto y claro de los mensajes: “aquí estoy, también soy de tu barrio, en cada rostro, en cada trabajador, en cada mamá sacrificada, en cada anciano y su nostalgia”.

En ese momento se confirmaban tantas cosas, predicar siempre el Evangelio, seguirlo siempre a él aunque la adversidad hace nuestros pasos cansados. Allí se hacían eco de las palabras del Papa de salir a las calles, allí valen la pena las horas de trabajo en los grupos juveniles, allí se hacían realidad las palabras de Jesús a quienes lo dejan todo por él: “Yo estaré con ustedes”, y definitivamente, nunca nos deja solos. En el nombre sea de Dios.