¿A quién iremos, Señor?

Por Víctor Caballero

Proceso Vocacional

Iniciaba la preparación para la semana santa, como otros años, me disponía a partir a la misión, pero, este año era algo diferente, era una misión que formaba parte del proceso vocacional, a la cual íbamos, aparte de misiones o servir, también a entrar en profundo discernimiento con el amado.

Partimos pues, a Durango, después de una noche de estadía en el convento de Durango, partimos al lugar que nos esperaba para estar ahí a lo largo de la semana.

Desde el momento en el que nos bajamos del automóvil la gente ya se acercaba a saludarnos, darnos la bienvenida, e inclusive hasta invitarnos la cena.

Al ver el lugar, sus alrededores, su gente y su entorno, todo era asombro, agradecimiento y paz.

Nos dimos a la tarea de empezar con las actividades, realizamos una fogata, una proyección de una película, temas, aseos, visiteos e íbamos a compartir las comidas del día con las distintas familias de la comunidad.

Era una semana que, en lo personal, no quería que terminara, me sentía acogido y con un deseo en mi corazón de entregar mi vida.

Era palpable la voz de Dios y su presencia.

Una semana única en la que estuvimos a la voz del amado, pero también a las necesidades del pueblo de Dios.

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