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En el nombre sea de Dios- Capuchinos: Feliz cumple 489

Por Fray Patiño

Hace casi medio milenio, la agitación de los cambiantes tiempos y la peste cobraban miles de vidas en Europa y amenazaban a la Iglesia así como al carisma de Francisco de Asís a 300 años de su fundación. La situación ante la desgracia y la muerte amenazaban la esencia de aquello que había dado estructura y base a toda una sociedad, el ambiente definitivamente era de miedo y desesperanza.

Es por eso que surgen algunos frailes inquietos alrededor del 1525-1528, entre ellos Mateo de Baccio y Ludovico de Fosombrone, que son la voz de muchos otros frailes que deseaban volver a los orígenes, al sueño de Francisco de vivir y de llevar el Evangelio desde la pobreza y la sencillez por lo que desean vivir como frailes de una manera más radical, respondían así al soplo del Espíritu como respuesta a una situación muy concreta del pueblo de Dios.

Después de muchos intentos y fuertes desacuerdos por parte de los frailes conventuales y los observantes, el Papa decide darles la aprobación a esta orden naciente: dice en la bula: “A los hermanos Ludovico y Rafael de Fossombrone... se les concede vivir una vida eremítica y observar la Regla íntegramente, llevar hábito con capucho cuadrado, recibir candidatos, llevar barba, retirarse a eremitorios y hacer limosna”.

Una de las señales evidentes de la acción del Espíritu en este movimiento de los frailes se hizo notar en el gran número de adeptos que se sumaron a esta reforma que, en tan solo seis años los frailes ya eran 700.

La atención a los enfermos víctimas de la peste fue uno de los principales apostolados a los que los primeros capuchinos dedicaron sus fuerzas e incluso entregaron sus propias vidas. Esta entrega de los capuchinos de “ir a donde nadie quiere” pronto se convirtió en un sello de la orden a nivel mundial, les llevó a cruzar los mares y las montañas para fundar nuevos pueblos como en Sudamérica así como grandes tradiciones en Europa y Asia.

Las crisis como la peste y la amenaza protestante que cobraban muchas vidas en aquel tiempo fueron combatidas por el movimiento reformador del Espíritu que la Iglesia necesitaba en esos momentos. De esta forma, ahora la iglesia y el mundo, con sus nuevos retos, forman el terreno en el que este nuevo aniversario los capuchinos deseamos seguir viviendo y llevando el Evangelio, con sencillez y alegría, principalmente aquellos lugares donde nadie quiere ir, donde una necesidad humana atrae la acción del Espíritu. Toda una tradición de casi 500 años sostiene un horizonte esperanzador. Feliz cumpleaños hermanos. En el nombre sea de Dios.