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Por: fray Guillermo Trauba

¡Paz y bien!

A veces necesitamos ayuda para hacer las cosas bien. Nuestro deseo e intención pueden ser rectos y el corazóndispuesto, pero si no sabemos qué hacer los resultados serán menos que satisfactorios. Por eso buscamos consejos y seguimos aprendiendo de las personas que ya saben cómo hacer lo que pretendemos hacer.

En la vida  la tarea más importante es aprender cómo amar. Esto es el sentido de la vida. Eso es porque el amor engendra vida y en tener vida está la felicidad. Por eso también Dios nos mandó amarle con todo nuestro ser. Es para que así tengamos la plenitud de la vida que es Él.

Cuando practicamos la caridad estamos amando. Entonces queremos saber y aprender cómo ser caritativos. Padre Pío habla precisamente de esto a su hija espiritual Herminia Gargani en su carta a ella, fechada el 11 de junio de 1918:

Debes saber, hijita, que la caridad tiene tres elementos: el amor a Dios, el afecto a sí mismo y la caridad hacia el prójimo; y mis pobres enseñanzas te ponen en el camino de practicar todo esto.

  1. Durante el día, pon con frecuencia todo tu corazón, tu espíritu y tu pensamiento en Dios con una gran confianza; y dile con el profeta real: “Señor yo soy tuya, sálvame”. No te detengas mucho a considerar qué tipo de oración te da Dios, sino sigue sencilla y humildemente su gracia en el afecto que debes tenerte a ti misma.
  2. Aunque sin detenerte con soberbia, ten bien abiertos los ojos sobre tus malas inclinaciones para erradicarlas. No te asustes nunca al verte miserable y llena de malos estados de ánimo; céntrate en tu corazón con un gran deseo de perfeccionarlo. Procura enderezarlo dulce y caritativamente cuando tropieces. Sobre todo, esfuérzate con todas tus fuerzas por fortalecer la parte superior del alma, no entreteniéndote en sentimientos y consuelos, pero sí en las decisiones, propósitos y aspiraciones, que la fe, el guía y la razón te inspiren.
  3. Aprecia al prójimo y no te molestes. Cuando sea necesario, repite estas palabras del Maestro Divino: “Amo a mis vecinos, Oh Padre Eterno, porque tú los amas”, y así me los has dado como hermanos y tú quieres que yo los ame como los amas Tú. En una manera particular ama a los niños,… y no te sorprendas por esos pequeños ataques de impaciencia, porque no hay culpa en eso menos que cuando proceda de un consentimiento pensado. Es decir, que consciente de aquellos momentos no haces tu mejor esfuerzo a tranquilizarte.

 

Notamos que los comentarios de Padre Pío están específicamente para su dirigida Herminia. Sin embargo, podemos captar algunos principios de ellos que nos ayudan a practicar la caridad:

  • La caridad requiere recogimiento, humildad, sencillez y una frecuente referencia interna (diálogo) a Dios;
  • Es necesario ir más allá que los sentimientos y consuelos a emplear la voluntad en decisiones y actos de fe. Esto es porque a veces, la práctica de caridad carece de todo consuelo y nos puede aparecer muy repugnante;
  • Amamos a los demás porque Jesús los ama. En eso, está implicado un bien innato en cada persona que no cambia. Esta inmutabilidad nos ofrece el enfoque y el fundamento para seguir esperando un cambio provechoso en esa persona. La mirada interior a este bien que no está dependiente de la conducta de la persona es la imagen de Cristo en ella, su dignidad humana, su racionalidad. Esto hace sostenible la misericordia que ofrecimos a esta persona.

En resumen, Dios nos da todo lo que necesitamos para amar bien y practicar la caridad. Su ejemplo y gracia perfeccionan nuestros esfuerzos, activan nuestra potencia o capacidad de amar bien recordando que sin Dios no podemos hacer nada. También recordamos que Dios no nos da deseos de amar, vivir y ser feliz en vano. Implicado es su ayuda eficaz para alcanzar el objeto de nuestros deseos que, en fin,  es Él mismo.