Por fray Francisco Patiño.

La palabra “fraile” significa “hermano”, es por eso que en países como el nuestro de Latinoamérica algunos frailes se hacen llamar hermanos y no fray. El carisma de un fraile, o lo que lo hace ser fraile, es precisamente la vivencia del Evangelio que lo hace hermano de Jesús, hijo del mismo Padre Bueno, hermano de todos y también hermano de todo aquello lo creado.

La experiencia tan intensa de Francisco de Asís de esta fraternidad le hace llamar "hermano" a sus compañeros al mismo tiempo que a toda la creación: hermano sol, hermana luna, el hermano viento. El mismo Francisco no se sintió llamado a ser sacerdote, su llamado era a ser hermano.

En este contexto es que nos podemos encontrar frailes que no son sacerdotes, su ministerio en la orden no es precisamente celebrar la Eucaristía o confesar, que es lo propio de los hermanos sacerdotes. Ellos, como hermanos, tienen otro ministerio igual de valioso para nuestras fraternidades y conventos, para nuestro pueblo.

Nuestro noviciado en Chihuahua cuenta con una memoria muy rica sobre un buen fraile. Los hermanos que lo conocieron le llaman fray Jaime, un fraile ya mayor, irlandés, de la provincia de California. Cuentan que no paraba de trabajar a pesar de su mayoría de edad, más de sesenta años. Siempre se le veía cortando leña, limpiando, sembrando algo en la huerta o arreglando algún desperfecto. Estaba completamente entregado a la fraternidad por medio del servicio. Él no era sacerdote, era un hermano laico, como se les dice en algunas ocasiones para distinguirlos.

Cabe mencionar que los primeros santos de nuestra orden fueron precisamente hermanos laicos, como San Félix de Cantalicio. Al igual que él, la mayoría de los hermanos en los primeros siglos (1600-1700) se distinguieron por dedicarse de lleno a actividades como la portería de los conventos, pedir limosna en las calles para los pobres y para los hermanos y muchos otros oficios que los llevaron a la santidad por su vivencia del evangelio en sencillez y humildad.

Los tiempos van cambiando, así como la formación y los oficios de nuestros hermanos. Hoy me enorgullece presentar a algunos de nuestros hermanos, que inspirados en la sencillez y vida fraterna de los santos y de frailes como fray Jaime, viven su llamado con una entrega total a sus ministerios y vienen a ser desde nuestra orden un ejemplo para el mundo de la fraternidad universal a la que todos estamos llamado como hijos de un mismo Padre Bueno.

Fray Ricardo Guadalupe es guardián y maestro de nuestro noviciado; fray Víctor Mario es vice-maestro en la casa del Postulantado en Durango; fray Pedro Cesar como maestro en el postnoviciado en Juárez, N.L. y fray Arturo Lozano como guardián en la fraternidad de Yécora, Sonora. Esta fraternidad y sencillez se torna un milagro del Espíritu ante un mundo cada vez más dividido. En el nombre sea de Dios.