En el nombre sea de Dios.- ¿Capuchinos, café o frailes?

Por fray Patiño

Hace unos días me tocó contestar el teléfono en el convento. Me pasó algo inesperado. En cuanto saludé “Capuchinos buenas tardes”, me contestaron que querían dos. ¿Cómo? Dije, ¿dos qué? El señor al otro lado me dijo: dos capuchinos. Entonces dije, ¿dos frailes o dos cafés? A lo que contestó: “pues dos cafés capuchinos”. Bueno, le tuve que explicar que no somos una cafetería, pero me quedé con ganas de explicarle por qué es café se llama así.

¿Qué fue primero? ¿El café o nosotros? Según la tradición oral en la orden, lo que los frailes viejos les transmiten a los jóvenes, el café capuchino lleva ese nombre porque lo inventó uno de nuestros frailes llamado Marco de Aviano por aquellos años de 1600 en Italia.

Cuentan que, cuando la invasión de los turcos en Europa, el Papa envió a Marco de Aviano con la misión especial de motivar las tropas de la Liga Santa y atender espiritualmente a los soldados. Dicen que, cuando los turcos huyeron, dejaron sacos de café tirados, mismos que el fraile juntó y los llevó para hervirlo y darlo a las tropas. Cuando lo probó notó que estaba muy fuerte y decidió agregar un poco de leche batida, el color de la bebida quedó como el de su hábito. Desde entonces ese café es llamado capuchino. Dicen que después agregó algunos sabores.

Las diferentes fuentes sobre la historia del café capuchino pueden variar en las fechas y otros detalles, lo que si es cierto, es que los capuchinos son conocidos por su misión con los pobres desde sus orígenes, como es el caso de Marco de Aviano, fue un predicador y capellán apasionado en los momentos de guerra en Italia y que, esa gran misión no le quitaba estar entre la gente y compartir lo más cotidiano con ellos, como el café. Hoy decimos en tono de broma “la pastoral del café”, que es compartir con la gente en sus hogares una taza de café pasa acercarnos más a su realidad.

Espero que esa siga siendo la fama de nuestra orden, la opción de “ir a donde nadie quiere ir”, la opción del trabajo con los más olvidados y las periferias de la realidad humana. Que el don sagrado de nuestro llamado y carisma pueda compartirse en el día a día de nuestro pueblo y, si es con una tacita de café, pues en el Nombre sea de Dios.

2 comentarios
  1. Cati Garcia
    Cati Garcia Dice:

    Jajajaja que divertida anécdota!
    Mis oraciones por su santa vocación y perseverancia.
    Que Dios los bendiga y los guarde, paz y bien.

    Responder

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