De las Cartas de Padre Pío: La Vida Cristiana y las Virtudes

Por: Fray Guillermo Trauba, OFM Cap.

Muy Estimados Amigos de Padre Pío,

¡Paz y bien!

Han notado que últimamente cada quien está ocupado con su celular? Este muy útil y versátil aparato es más y más común e indispensable en nuestra vida diaria. Es casi como si uno tuviera un sentido adicional como otro ojo o perceptor del ambiente. La diferencia es que este aparato nos provee como un perceptor de cosas lejanas de nuestro alrededor inmediato. Sin embargo, el celular nos enlaza con el ambiente exterior y por su gran poder sobre nuestros sentidos requiere las mismas virtudes para su buen uso tal como los demás cinco sentidos.

Padre Pío da consejos sobre las virtudes que gobiernan nuestros sentidos en su carta a su hija espiritual, Raffaelina Cerase, fechada el 23 de octubre de 1914. Estos consejos representan la tercera aportación de la serie de los comentarios de Padre Pío sobre las virtudes necesarias para la perfección cristiana:

Las virtudes que perfeccionan a la persona devota en relación con el régimen de los propios sentidos son tres: la modestia, la continencia y la castidad.

Con la virtud de la modestia, el alma devota consigue regular todos sus movimientos exteriores. Con razón, pues, san Pablo recomienda a todos esta virtud y la declara necesaria; y, como si todo esto no bastara, quiere también que esta virtud sea patente a todos. Con la continencia, el alma consigue apartar todos los sentidos: vista, tacto, gusto, olfato y oído, de los excesivos deleites, si bien lícitos. Con la castidad, virtud que encumbra nuestra naturaleza a la de los ángeles, el alma reprime la sensualidad y la aparta de los deleites que están prohibidos.

Este es el nobilísimo cuadro de la perfección cristiana. Bendita el alma que posee todas estas hermosas virtudes, todas fruto del Espíritu Santo que habita en ella. Nada tiene que temer; brillará en el mundo como el sol en medio del firmamento.

Notamos que Padre Pío habla de las tres virtudes que casi nadie practica hoy en día. ¿Quién practica la modestia, la continencia o la castidad en la manera que Padre Pío sugiere? Más bien son el desenfreno, ego-centrismo, y adicción a las cosas materiales y temporales que nos esclavizan en su encanto. Es que ¿queremos vivir como animales? o es que ¿no creemos en Dios? Tal vez nuestra adicción al placer del momento nos hace olvidar cómo sobrellevar dificultades y dar sentido al auto-sacrificio. Nuestro afán desmesurado por las cosas creadas nos ha pervertido y nos ha cegado a la belleza de nuestra naturaleza espiritual y de la dignidad inherente en nuestra relación con Dios como hijos e hijas. El grito de Jesús desde la cruz ya no tiene a quién le importe ni quién le ayude. Cada persona sigue en su frenesí hasta que la muerte le despierta a su horrorífica realidad. ¡Somos testigos de una tragedia en marcha!

La atracción a las cosas temporales es necesario para vivir sanamente pero el apego a ellas es un cáncer que nos mata lentamente. Los sentidos nos clavan la atención a su objeto y necesitamos esas virtudes como controles sobre los imperios impulsos de nuestra naturaleza hacia esas cosas. La continencia existe para evitar la esclavitud o adicción al placer. Esta ascesis es posible y recomendable porque somos racionales. Podemos reflexionar sobre lo que percibimos, ponerlo en un contexto, darle un significado y luego decidir qué nos conviene más al llegar a nuestro objeto. En este momento de reflexión podemos recuperar percibir nuestro anhelo interior por algo de más valor, algo que no está circunscrito por su finitud material ni determinado por la temporalidad. Así, la continencia nos permite tener una ganancia mayor y mejor que la de un placer.

La modestia nos permite disfrutar la paz en la austeridad lograda por la continencia. Es la paz interior que anuncia un sano equilibrio dentro de nosotros y evita una insana represión. La armonía entre nuestro interior y exterior ganada por la continencia y la modestia se mantiene por medio de la castidad, virtud de auto-dominio. Este auto-dominio es consciente y libre y por eso “encumbra nuestra naturaleza a la de los ángeles”.

Aunque la practica de estas virtudes nos puede parecer como nadar contra corriente, en realidad nos llevan adonde anhelamos llegar. Queremos llegar a ser plenamente felices. Este es el lugar que Jesús prepara para cada uno de nosotros en la casa de nuestro Padre y estas virtudes son nuestras guías fieles hacia allá. Nuestra casa es el corazón del Padre y Jesús es el camino, la verdad y la vida en nuestra búsqueda de ese reposo.

Sin embargo, sabemos que nuestros esfuerzos no serán suficientes para llegar a esta meta. Entonces, no sin razón Jesús nos dijo que confiáramos en él. En fin, es su misericordia y no nuestros esfuerzos los que nos van a salvar. Nuestro esfuerzo, expresado en la caridad por medio de estas virtudes entre otras, es la mano extendida, al hundirnos en nuestra impotencia, la cual agarra Jesús.

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