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DE LAS CARTAS DE PADRE PIO: NAVIDAD Y CONSUMISMO

Diciembre 2018

Estimados Amigos de Padre Pío.

¡Feliz Navidad!

Se nos acerca el aniversario del gran misterio del encuentro real e histórico entre la raza humana y Dios infinito. Es la Encarnación de Dios, Emmanuel (Dios-con-nosotros). Lo conocemos como la Navidad. La profundidad de este misterio es asombrosa. Le deja a uno sin palabras.

Sin embargo, el Príncipe de este mundo material y temporal, el Maligno, hace pleito con Dios en esta temporada seduciendo a los hijos de Dios a ocuparse más bien de sus ofertas. Las tiendas, sin malicia, hacen sus mejores liturgias en esta temporada llenas de cantos, ofrendas, procesiones (filas) y altar (la caja). Así estas “necesidades” nuestras sirven para quitarnos nuestro tiempo, talento y tesoro que, en parte, debemos al Autor de todo lo creado. La comercialización de este misterio nos distrae en sobremanera. Pero un día después de la Navidad los cantos cesan, las ofertas e inventarios para el fin del año comienzan, y la gente está inducida a prepararse para otra fiesta en un mundo que no cesa de correr como un río veloz. ¿No es triste ver a la gente estar tan seducida por cosas de tan poco valor mientras el gran misterio del encuentro de Dios con nosotros queda casi desapercibido?

Jesús dijo que donde está tu tesoro allí está tu corazón. El objeto de nuestro deseo nos clava el corazón. Nuestro foco de interés nos conduce a un encuentro con esto objetos. ¿Pero dónde queremos llegar en realidad? ¿Al encuentro con cosas y eventos meramente materiales y pasajeros? ¿No se siente muy dentro del espíritu de uno la necesidad por algo más? ¿No somos hechos para una vida que va más allá de lo que nos puede dar este mundo? O ¿Es que este anhelo por la plenitud de la vida más fuerte que lo que puede satisfacer un estímulo placentero y pasajero sea un engaño? ¿Cómo podemos saber la verdad? ¿Dónde vamos a encontrar a alguien que nos lo diga? ¿Qué será su testimonio?

Padre Pío ofrece un comentario interesante sobre la importancia de decidir en qué fijar nuestra atención. En medio de tantas opciones entre las que nos encontramos metidos en este mundo moderno y veloz, sus palabras nos pueden orientar como mantenernos atentos en dónde está el tesoro verdadero para los hijos de Dios. Su reflexión se encuentra en su carta a su hija espiritual, Raffaelina Cerase y fue escrita el 10 de octubre de 1914:

Para animarnos a sufrir de buena gana las tribulaciones que la piedad divina nos ofrece tengamos nuestra mirada fija en la patria celestial, que nos está reservada; contemplémosla, mirémosla de continuo con especial atención. Como consecuencia, apartemos la mirada de los bienes que se ven, quiero decir de los bienes terrenos, ya que la vista de estos últimos embelesa y distrae al alma y corrompe nuestros corazones; y hacen que nuestra mirada no esté del todo en la patria celestial. Escuchemos lo que el Señor nos dice a propósito de esto por medio de su santo apóstol Pablo : “Nosotros no miramos las cosas que se ven sino que miramos las que son se ven”. Y es muy justo que nosotros contemplemos los bienes celestiales, no preocupándonos de los terrenos, porque aquellos son eternos, éstos son transitorios.

¿Qué diríamos nosotros si nos detuviéramos ante un pobre campesino, que permaneciera casi atónito contemplando un río que corre a gran velocidad? Casi seguro que nos echaríamos a reír, y tendríamos razón. ¿No es una locura detener la mirada en lo que pasa rápidamente? Esa es la situación de quien detiene su mirada en los bienes visibles. En efecto ¿qué son en realidad? ¿Son acaso diversos de un río veloz, cuyas aguas, aún antes de que hayamos puesto en ellas el ojo, ya se escapan de la vista para no dejarse ver nunca más?

Dejemos, querida mía, a quien, para desgracia suya, está privado de la fe, a quien para su desventura no sabe distinguir lo precioso de lo vil, el deseo, el amor de los bienes terrenos y sensibles; y nosotros, que por la bondad del Dios altísimo hemos sido llamados a reinar con el Esposo divino, nosotros, para quienes la verdadera luz de Dios centellea clara y lúcida ante nuestras mentes, tengamos siempre fija nuestra mirada en los esplendores de la Jerusalén celestial. La consideración de los variados bienes que allí poseeremos sea el dulce alimento de nuestros pensamientos, y nuestra mente enamorada de aquellas delicias eternas hará surgir en nuestro corazón los más encendidos y vigorosos afectos hacia ellas.

¡Qué fácil nos llevan nuestros antojos! La vida corre rápido como un río que no para. Por eso nos es importante decidir entre lo que realmente vale la pena y lo que es nada más para nuestra comodidad. Notamos que si algo tiene suficiente sentido vencemos nuestras comodidades; si no, no.

Nuestro cuerpo y sus pasiones nos presentan gustos mientras nuestro espíritu nos presenta el sentido de las cosas. Algunas veces coinciden pero usualmente están en oposición. Especialmente si lo que tiene sentido tarda en realizarse. Así la vida plena y feliz nos atrae y tiene mucho sentido pero tarda en llegar. Además, lo sabemos más bien por la fe y no por la experiencia. Así sin esta retroalimentación sensible solemos sucumbir a los deseos más inmediatos de la carne.

Nuestro anhelo a ser feliz y pleno es un deseo por Dios, autor de toda felicidad y vida. Pero, ¿creo que Dios existe? Si no, como un ateo, busco los bienes de este mundo y nada más. El ateo ha rechazado un dios que no existe pero sigue buscando lo que viene de un Dios que sí existe. Y si creemos que existe Dios, ¿es el Dios que yo llevo desde mi imaginación y necesidades humanas o es el Dios revelado por Jesús ? Si es el Dios revelado por Jesús pero me siento débil en poner los medios para encontrarlo, los consejos de Padre Pío son para mí. La decisión de entretenerme más en las realidades celestiales y eternas me llevarán a una esperanza sin defraudar.

La Encarnación es la primera validación de Dios a su promesa hacernos uno con él. Qué el río de los diversos antojos materiales de la temporada navideña no nos distraiga de la búsqueda de nuestra herencia como hijos e hijas de de Dios. Elijamos meditar en la bondad de Dios manifestada en el testimonio de Jesús y en su amor por nosotros aun siendo nosotros pecadores.

Su siervo en Cristo,

Fray Guillermo Trauba, OFM Cap.

 

1 comentario
  1. Yolanda Hernández
    Yolanda Hernández Dice:

    Es una realidad hoy el satisfacer nuestras fabricadas necesidades y buscar siempre dar rienda a nuestras pasiones y comodidades…olvidando el verdadero sentido de nuestra existencia. Por eso doy gracias por darnos a conocer estos consejos y palabras que nuestro amado y admirable Padre Pío vivió y que es posible hoy adentrarnos en una vida ascética a pesar de los deleites que el mundo ofrece. Sí podemos con la gracia de Dios sobre todo bebiendo de la fuente eterna en oración frente al Santísimo Sacramento quien nos colmará de su fuerza en el combate espiritual.

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