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Deo gratias ¡Muchas Gracias Fray Miguel por todo el tiempo que estuviste con nosotros!

Con profunda gratitud dimos gracias a Dios por la vida, vocación y servicio de nuestro hermano misionero fray Miguel Ronayne en tierras mexicanas, que durante veinte años aproximadamente estuvo sirviendo al pueblo de Dios en la sierra de Chihuahua y Sonora; ejerciendo su ministerio en sencillez y alegría franciscana.

El ángel de la Sierra como le apodaba cariñosamente la gente, por su cercanía y sensibilidad, se ofreció como voluntario para ser misionero en el Norte de México en 1999. Su primer destino fue el Noviciado (casa de formación) en Tres Ojitos, Chihuahua; donde por varios años ofreció su servicio pastoral en las diferentes capillas de la parroquia de Madera, así como en la misma fraternidad del Noviciado.

Después de un tiempo fue cambiado a Yécora Sonora, a nuestra casa de Misión, la cual tiene una parroquia que atiende alrededor de quince pueblos, contando con algunas comunidades indígenas las cuales sobresalen nuestros hermanos Pimas principalmente. Aquí ejerció su ministerio sacerdotal con gran dedicación como vicario parroquial también por algunos años. Luego fue cambiado a Tres Ojitos, Chihuahua, nuevamente donde se desempeñó como vicario de la fraternidad y apoyo pastoral en la parroquia local. Finalmente llega un último cambio a Yécora, donde ejerce el servicio de párroco con gran espíritu de minoridad.

Posteriormente después de este largo periodo de aproximadamente veinte años de servicio y entrega abnegada, nuestro hermano Fray Miguel Ronayne partió de Yécora Sonora el día 21 de Septiembre rumbo a nuestra provincia madre, en los Ángeles California.

En todo este largo tiempo de servicio de nuestro hermano Miguel, se distinguió por su disposición para ayudar a todos sin distinción, siendo muy atento y sensible a sus necesidades, su cercanía a los más vulnerables y enfermos de las comunidades en las que estuvo presente.

En nuestros conventos con su presencia silenciosa y discreta pero efectiva en la vida diaria. Sirviendo a los hermanos en todo tipo de quehaceres domésticos y fraternos con sencillez. Sin dejar de mencionar su cariño por las criaturas, en especial los perros, los cuales “hay rumores” como decía él, llegaron a ser más de cuatro y lo acompañaban regularmente a donde iba.

La presencia de nuestro hermano Miguel en nuestra Custodia del Norte de México ha sido una bendición para la implantación de la Orden Capuchina y para el pueblo de Dios que le conoció y le recuerda siempre con mucho cariño dejando una huella imborrable de bondad en sus corazones y para nuestros hermanos capuchinos un gran testimonio de entrega y donación a Jesucristo y a su pueblo.

En resumen podríamos decir como el apóstol Pedro dijo de Jesucristo, “paso haciendo el bien” (Hech 10, 38); así mismo podremos atestiguar de nuestro hermano fray Miguel durante estos veinte años de servicio misionero en nuestra tierra mexicana.

Con todo el pueblo de Dios que serviste y tus hermanos capuchinos te expresamos con todo nuestro afecto, de lo más profundo de nuestro corazón:

¡Muchas Gracias Fray Miguel por todo el tiempo que estuviste con nosotros! Que Dios bendiga tu camino.

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