,

La corrupción: Un virus contagioso

Por: Fray Pepe Villarreal

Hermanos y hermanas,

¡Paz y bien!

¿Han escuchado el cuento del niño que atrapaba cangrejos en la playa? Dicen que un día un turista que estaba en la playa vio a un niño que atrapaba cangrejos y los ponía en cubetas. Le llamó la atención que todas las cubetas estaban tapadas excepto una; y cuando atrapaba un nuevo cangrejo, lo ponía en una cubeta y la volvía a tapar cuidadosamente, pero a algunos cangrejos los ponía en la cubeta que no tenía tapa, sin preocuparse. El turista le preguntó al niño la razón de ésto, y el chico respondió:

– Un cangrejo no puede salirse solo de una cubeta; pero casi todos los cangrejos, al estar juntos, se ayudan unos a otros a salir. Los de la cubeta sin tapa son de otra especie, esos no trabajan juntos; hasta detienen al que trate de salirse, así que no me preocupo de ponerles tapa.

¿Qué especie de cangrejos somos? Seguido hacemos chistes de cómo son las cosas en otros lados y cómo son en México, como que estamos inconformes, pero no hacemos mucho para que cambien las cosas. Y quiero hablar concretamente del problema de la corrupción. La corrupción nos da el beneficio aparente de que las cosas se hagan más rápido y más convenientemente; parece que sacamos un bien en el momento, pero hay también otro lado, en el que las leyes, el orden establecido de las cosas, queda debilitado. Y se contagia; el que no era corrupto ve que otros se benefician y empieza a querer o, incluso, a necesitar jugar a lo mismo. (Sin mordida no hay trabajo, sin mordida no hay justicia, sin mordida no hay atención, sin mordida no hay libertad).

A veces se ha dicho que la corrupción en nuestro país está en un nivel de todo el sistema. ¿Cómo cambiarlo? La corrupción es como un virus contagioso y nuestra sociedad está bastante invadida por él, será difícil combatirlo de frente; pero hay una vacuna preventiva: La educación. Si enseñamos a las nuevas generaciones a no dejarse corromper, en algunos años la sociedad mexicana va tener otra cara. Pero hará falta tener paciencia y dedicación.

No descuides a tus hijos, no dejes que aprendan lo que sea y se eduquen como sea, ayuda a construir su responsabilidad y su conciencia. Pon también el ejemplo.

Trabajemos juntos, no para obtener un pequeño beneficio personal y momentáneo, sino para que toda nuestra sociedad pueda crecer y beneficiarse de una forma estable y duradera… ¡y que podamos salir juntos de esta cubeta!

¡Que el Señor les conceda su paz!

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *