La dicha de compartir- Experiencia en La Piedad, Michoacán

“Ved qué paz y qué alegría convivir los hermanos juntos” (Sal 133)

 

Por: hno. Ernesto Balderas

Ernesto Eduardo Balderas Pérez

Compartir es siempre una experiencia renovadora, pues significa soltar y darse, para así poner donde no hay y, a su vez, abrirse para recibir lo que no se tiene. Esto pude constatar estas últimas dos semanas en las cuales nuestra fraternidad del Postulantado de Durango, viajamos a La Piedad, Michoacán, para conocer a nuestros hermanos postulantes del sur de México. Fueron días de oración, de convivencia, de estudio, paseos, deporte, apostolado, juegos; en fin, de muchas actividades muy variadas, pero de las cuales puedo rescatar una misma experiencia: ¡Es una dicha el unirse a los hermanos en el mutuo compartir!

Primero que nada, tengo que decir que cada uno de ellos me dejó gran aprendizaje. De algunos puedo quedarme con su disponibilidad para las labores del convento, de otros su ímpetu y compañerismo a la hora de hacer deporte. Otros más me mostraron un esfuerzo realmente imitable al momento de dedicarse al estudio y también hubo quienes manifestaron un celo enorme por las necesidades de los mas desfavorecidos. ¡En verdad puedo decir que era contagioso!

De esto último quisiera contar una experiencia para dar ejemplo de lo que digo. Resulta que mientras íbamos por la calle, camino al apostolado, el equipo de postulantes con el que me encontraba y yo, vimos a otro grupo de hermanos (pues estábamos organizados en diferentes grupos) que estaban visitando una familia. En eso, ellos nos invitaron a pasar juntos a la casa. Allí conocimos a una niña con discapacidad motora, la cual estaba postrada sobre cama sin poder hablar ni moverse mucho, pero que gozaba de una gran capacidad para alegrarse y de una muy entusiasta sonrisa. Desde el momento en que nos vio, dio muestras de alegría, sonriendo y tratando de moverse. Viendo esta actitud y disposición, un hermano muy hábil para entretener y hacer reír, se puso a jugar con ella. Así, viendo las ocurrencias del hermano y riendo junto a esta hermana de entusiastas respuestas, fue como pasamos una tarde muy bella, la cual no se hubiera podido dar si el grupo de hermanos que nos vio pasar no nos hubiera invitado a conocer a esa familia.

Es de esta experiencia y de otras tantas que no me son posibles compartir aquí, pues me faltaría espacio, que puedo exclamar lo siguiente: ¡Que alegría hay en compartir! Ya que, cuando uno comparte, se da a sí mismo y se abre a descubrir la riqueza que existe en el otro. Esto equivale a encontrar un tesoro y todo aquel que encuentra un tesoro, no puede quedarse apático e indiferente, sino que se alegra y se alegra de corazón. Esta es la experiencia de compartir, es la que pude vivir visitando a mis hermanos del sur y la que espero podamos hacer realidad cada uno de nosotros cuando tenemos la oportunidad de salir de nosotros mismos para encontrarnos con el otro, con nuestra hermana y nuestro hermano, durante el día a día que Dios nos regala y que llamamos vida.

¡El Señor les dé la paz!

1 comentario
  1. Raul Balderas
    Raul Balderas Dice:

    Que bueno que se puedan hacer estas reuniones y que se pueda compartir en tan claras palabras las experiencias vividas.
    Que dios los siga bendiciendo e iluminando en este bello pero dificil camino.

    Responder

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